En pleno centro de Madrid, Lynch se ha instalado como uno de esos espacios que lo tienen todo: cócteles creativos, cocina de fusión con carácter y una atmósfera que te transporta a Manhattan sin necesidad de cruzar el Atlántico. Una propuesta completa para quienes buscan mucho más que una simple copa.
Nada más cruzar la puerta, Lynch impacta visualmente. Su estética neoyorquina se despliega a través de una cuidada decoración en la que cada elemento llama la atención: paredes con personalidad, iluminación estudiada al detalle y una atmósfera que evoluciona a lo largo del día. De la calma de las comidas y cenas relajadas, el local se transforma por la noche en un punto de encuentro animado con música internacional y cócteles hasta la madrugada.
Antes de sentarse a comer, los spritz merecen atención propia. La carta prescinde del clásico Aperol para apostar por combinaciones de autor que sorprenden gratamente. La Sangría Spritz combina vino tinto, cava, frutas frescas y un toque de licores en una versión refrescante y perfecta para el verano madrileño. El Spritz de Coco y Limonada de Fresa, en cambio, aporta el toque más caribeño de la carta: tropical, vibrante y muy fácil de beber.

La coctelería de autor completa el cuadro con creaciones como el Lady Shanghai, The Grand Mother y Ronnie Rocket, que demuestran que Lynch se toma muy en serio el mundo de las bebidas mezcladas.
En cocina, la propuesta fusiona influencias mexicanas y asiáticas en una carta que funciona tanto para picar entre copas como para una cena de verdad. Las croquetas de langostino y guajillo abren el camino: cremosas, de elaboración casera y con una presentación que ya anticipa el nivel. Los baos de gambón empanado en copos de maíz llegan crujientes, con mahonesa de chipotle y verduritas, en un conjunto redondo donde cada elemento suma.

El plato que se lleva todos los aplausos es el pulpo braseado al estilo Lynch. Sobre patata pochada, con salsa macha de guajillo y pesto, cada bocado equilibra potencia, untuosidad y textura de manera excepcional.

Para cerrar, la Lynch Burger reúne 160 gramos de carne Angus, pan brioche, mahonesa de bacon ahumado, cebolla caramelizada en vino tinto, queso cheddar y bacon: contundente y sin concesiones.

Lynch es de esas direcciones que conviene tener guardada para distintas ocasiones, desde el aperitivo del domingo hasta la noche que se alarga sin querer. Una cocina con identidad, una coctelería con criterio y un ambiente que invita a quedarse más de la cuenta.
Detalles:
📍Dirección: C. de Barcelona, 12
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