Romeo Santos y Prince Royce

Romeo Santos y Prince Royce desatan la fiebre de la bachata en Madrid

Más de 70.000 personas llenaron el estadio para vivir un concierto cargado de nostalgia, sensualidad y grandes éxitos compartidos.

Madrid vivió este sábado una de esas noches que quedan grabadas en la memoria colectiva de los amantes de la bachata. El Estadio Riyadh Air Metropolitano se convirtió en el epicentro de una fiesta descomunal cuando Romeo Santos y Prince Royce subieron al escenario para ofrecer un espectáculo conjunto que llevaban meses anunciando por toda Europa.

La cita, enmarcada en la gira que nació a raíz de su álbum colaborativo Better Late Than Never, reunió a dos generaciones del género bajo un mismo techo. El calor propio de julio no fue impedimento para que el público, ataviado con un vestuario brillante y festivo, aguardara con entusiasmo la salida de ambos artistas, que se retrasó ligeramente respecto al horario previsto sin que eso mermara el ánimo de los asistentes.

Un viaje musical de dos actos

El concierto se estructuró en bloques bien diferenciados. La primera parte estuvo teñida de romanticismo puro: el ex vocalista de Aventura abrió con La diabla, mientras que Prince Royce aportó su repertorio más emblemático con piezas como Stand By Me o La Carretera, hasta confluir ambos en un popurrí que incluyó Celeste y Eres Mía, temas que evidenciaron la trayectoria compartida de los dos intérpretes a lo largo de los años.

El ambiente cambió de registro cuando sonaron los primeros acordes de Dardos, la canción que en su día marcó el nacimiento oficial de este proyecto conjunto. El estadio entero se puso en pie, marcando uno de los picos emocionales de la velada.

La segunda mitad del show giró hacia un tono más atrevido y sensual, con temas como Noche de Sexo o Sensualidad que elevaron la temperatura —ya de por sí alta— del recinto.

El público, protagonista invitado

Como suele ser habitual en los conciertos de Romeo Santos, varios espectadores tuvieron la oportunidad de subir al escenario y compartir micrófono con los artistas, viviendo en primera persona la experiencia de cantar junto a sus ídolos ante decenas de miles de personas.

El cierre no podía ser de otra manera: los grandes himnos que han acompañado a varias generaciones. Obsesión, con casi un cuarto de siglo a sus espaldas, sonó con la misma fuerza que el día de su estreno, seguida de La Novelita y Mi Corazoncito, temas que el público coreó de principio a fin.

Cerca de dos horas de concierto bastaron para confirmar que la unión entre “el rey” y “el príncipe” de la bachata no es una simple estrategia comercial, sino una combinación artística que sigue conquistando escenarios —y corazones— allá donde va.

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