Hay restaurantes que eligen un carril y se quedan ahí, y luego está Marciano, que decide moverse entre varios sin perder el rumbo. La propuesta de Víctor Camargo junta música en directo, coctelería de autor y una carta internacional y el resultado es un sitio que no se parece a casi nada de lo que hay alrededor.
Empezamos por la barra, donde la carta de cócteles está pensada para cubrir registros muy distintos: afrutados, tropicales, florales, intensos. No hay una única dirección, sino un mapa de opciones según lo que apetezca esa noche, y eso ya dice bastante de cómo entienden el sitio.

De la carta de comida, el pincho vietnamita de cerdo laqueado con arroz jazmín y alioli de cítricos es la entrada perfecta. El propio equipo recomienda sacarlo de la brocheta, mezclarlo todo con el arroz y añadir un toque de limón, y el consejo es de los que conviene seguir: así se prueban todos los sabores a la vez, y el plato gana mucho.

Seguimos con la panceta de cerdo rojo chino cocida en caldo máster con fideos de ramen seco, un plato que despierta curiosidad solo con leerlo y que cumple sin titubeos: la panceta llega jugosa, los fideos absorben el caldo, y la combinación es una pequeña delicia que justifica el pedido por sí sola.

El plato que más llamó la atención desde que apareció en la carta fue el rabo de toro guisado al chocolate con churros. La idea de servir el rabo de toro sobre una porra es de las que no se ven todos los días, y la mezcla funciona: un plato arriesgado, distinto a cualquier otro rabo de toro que se haya probado antes, y que vale la pena por pura curiosidad gastronómica.

Para cerrar, la entraña de ternera a la brasa marinada en frambuesas con chimichurri de ajo negro y pimiento asado. Una carne de sabor potente, con un sazonado que hace que cada bocado se disfrute por completo, y un cierre con carácter para una comida que no ha bajado el ritmo en ningún momento.

Todo esto sucede con un DJ pinchando en vinilo de fondo, y ese detalle cambia por completo la experiencia: no es música de ambiente sin más, es parte del plan. Marciano no es solo un sitio para comer bien, es un sitio para quedarse más tiempo del que tenías pensado.

