En una ciudad donde cada vez surgen más espacios exclusivos, Casa Vega llega con una propuesta que rompe las normas del circuito privado madrileño. El nuevo restaurante ubicado dentro de Vega Members Club abre sus puertas al público general sin necesidad de ser socio, una decisión poco habitual dentro de uno de los clubes más selectos de la capital y que, precisamente, se ha convertido en uno de sus mayores atractivos.
Detrás del proyecto están Íñigo Onieva y Manuel Campos, quienes han apostado por un concepto de bistró contemporáneo con inspiración europea, alejado de artificios y centrado en reinterpretar recetas reconocibles desde una mirada actual. Un espacio donde el lujo no se siente distante, sino integrado en una experiencia mucho más cercana y disfrutable.

Nada más llegar, Casa Vega deja clara su identidad. La iluminación tenue, la música cuidadosamente seleccionada y la atmósfera elegante crean ese ambiente sofisticado que envuelve desde el primer momento. La experiencia puede comenzar con una selección de vinos o con alguno de sus cócteles de autor, entre ellos el Pulse, una de las propuestas más interesantes de la carta líquida.

En cocina, el proyecto cuenta con David Rodríguez como chef ejecutivo del grupo. Su filosofía se refleja en cada elaboración: reinterpretar clásicos respetando el producto y elevando la experiencia a través de materias primas de alta calidad y una ejecución cuidada.
La experiencia gastronómica arranca con una de las sorpresas de la noche: la Gilda Especial Vega, elaborada con anchoa de Santoña 00 y acompañada de un intenso salmorejo al Bloody Mary. El plato se termina directamente en mesa, colocando la gilda sobre el salmorejo en un gesto sencillo pero muy visual. El resultado es un equilibrio perfecto entre potencia, frescura y profundidad de sabor.
Otro de los platos destacados es la burrata de la Puglia con selección de tomatitos y pesto rojo. Cremosa, suave y muy bien equilibrada, vuelve a apostar por el servicio en mesa como parte de la experiencia, reforzando esa sensación de atención al detalle que acompaña toda la cena.
Las zanahorias baby con crema de yogur griego, granada y piñones consiguen sorprender gracias a una combinación poco habitual que funciona especialmente bien. El dulzor natural de la zanahoria y la frescura del yogur crean un contraste elegante y diferente.

Sin embargo, uno de los grandes protagonistas de la velada es el bikini de pastrami ibérico y trufa con queso fundido al estilo Beverly Hills. Un bocado contundente y extremadamente cremoso, donde el sabor trufado y el queso fundido consiguen un equilibrio irresistible. Probablemente, uno de esos platos que terminan convirtiéndose en imprescindibles de la carta.
Entre los principales también destaca el Paccheri Genovese, con una salsa intensa y una pasta fresca que aporta ligereza y textura al plato. A esto se suma el solomillo al Strogonoff, servido en su punto y acompañado de una salsa profunda y elegante que eleva el conjunto.

El cierre dulce llega con el auténtico helado de pistacho, terminado en mesa con topping de sal, trozos de pistacho y chocolate. Un postre sencillo en apariencia, pero muy bien ejecutado y perfecto para finalizar la experiencia.

Más allá de la propuesta gastronómica, Casa Vega consigue algo poco frecuente en Madrid: permitir que cualquiera pueda adentrarse en uno de los entornos más exclusivos de la ciudad sin necesidad de formar parte de él. El restaurante no rompe con el lujo ni busca hacerlo masivo, pero sí consigue hacerlo más accesible y cercano. Y precisamente ahí está gran parte de su atractivo.

Detalles:
📍Dirección: Calle de Lagasca, 88
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