Entrar en Totò e Peppino es cruzar un portal. Las paredes cargadas de cuadros de la Antigua Nápoles, las fotos de actores de la escena napolitana y las letras de O Sole Mio o A Marechiaro crean una atmósfera que oscila entre el museo sentimental y la trattoria de barrio. Y en algún rincón, Diego Armando Maradona ídolo eterno de Nápoles eleva la copa de la Liga en un brindis perpetuo con la clientela. Famosos del deporte y del cine, pero sobre todo gente del pueblo que quiere conocerlos: ese es el espíritu del local.
El restaurante se distribuye en dos plantas. El sótano funciona como comedor tradicional, con manteles en rojo y blanco que devuelven al viajero a Italia nada más sentarse. En la entreplanta, entre plantas y lamparillas, aparece imponente el forno della pizza: un horno de leña auténtico, con piedra especial para soportar temperaturas que ningún horno eléctrico alcanzará. Es el corazón del local, y se nota desde el primer bocado. La carta de vinos, generosa y bien pensada, merece un vistazo antes de pedir: Falanghina, Fiano di Avellino y el legendario Lacrima Cristi.

La experiencia arranca con fuerza ya en los entrantes. El crocchè de jamón y stracciatella (croqueta de patata con jamón, stracciatella de burrata, tomate cherry asado y lascas de parmesano) es una de esas elaboraciones que se recuerdan: atrevida en la combinación, impecable en la ejecución, difícil de encontrar igual en otro sitio. Un aperitivo que pone el listón alto para lo que viene después.
En las pastas, el restaurante demuestra que conoce bien la tradición y no teme alejarse de los tópicos. Las mezze maniche all’amatriciana (pasta corta en salsa de guanciale, tomate San Marzano y pecorino romano) son exactamente lo que deben ser: potentes, sabrosas, con el crujido del guanciale marcando el ritmo. Un plato escaso en otros italianos de la ciudad, y que aquí se hace con criterio. La carta se extiende además a clásicos del norte como la carbonara, la lasagna classica o los spaghetti allo scarpariello.

El capítulo de las pizzas es donde Totò e Peppino ha construido buena parte de su reputación, acumulando premios que la cocina confirma. La Francesca (ragù napoletano, albóndiga según la tradición napolitana, albahaca, stracciatella de búfala campana y lluvia de pecorino romano DOP) es una pizza que traslada a Italia con cada bocado. La stracciatella aporta una capa de sabor y textura que la distingue claramente del resto. Con la primavera, se suman propuestas de temporada como la Adele, con tomates cherry, tomate semiseco y stracciatella de búfala, o la de pistacho, con mortadela, pesto y crumble que equilibra intensidad y suavidad. Opciones más ligeras, pensadas para la estación.

El cierre dulce no decepciona. La torta Pan di Stelle (galletas italianas, nata y Nutella) es un postre en el que el chocolate manda y la presentación merece foto. Para terminar, el recorrido clásico: tiramisù, caffè espresso, cappuccino, y el inevitable limoncello para alargar la sobremesa con propiedad italiana.
Con la primavera ya instalada en Madrid, la terraza de Avenida del Mediterráneo 21 se convierte en el escenario perfecto para disfrutar de esta propuesta. Totò e Peppino no necesita reinventarse: lleva más de veinte años diciéndolo todo con el horno encendido.
Detalles:
📍Dirección: Av. del Mediterráneo, 21
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