Quienes paseen estos días por la renovada Plaza del Carmen se encontrarán con una escena difícil de pasar por alto: un enorme caballo de bronce suspendido sobre sus cabezas que parece mantenerse en el aire sin ningún apoyo visible. Se trata de El rumor de la discordia, una obra del artista mexicano Gonzalo Lebrija que acaba de incorporarse al paisaje urbano de Madrid.
La escultura, que alcanza aproximadamente seis metros de altura, juega precisamente con la percepción del espectador. El caballo se sitúa sobre una estructura de acero y hormigón de unos 4,4 metros, diseñada para generar la sensación de que el animal está flotando sobre la plaza.
Una reinterpretación de los monumentos ecuestres
La pieza toma como punto de partida uno de los formatos más tradicionales de la escultura pública: el monumento ecuestre. Sin embargo, Lebrija cambia por completo su planteamiento y sustituye la sensación de estabilidad y poder habitual en este tipo de obras por una imagen marcada por el equilibrio, la incertidumbre y la aparente ingravidez.
El resultado es una escultura que obliga a mirar hacia arriba y que transforma la relación entre el peatón, el espacio urbano y la propia obra de arte.
El caballo fue fundido en talleres del País Vasco y su instalación en Madrid responde a una iniciativa de colaboración entre el sector privado y el Ayuntamiento. La pieza ha sido promovida y financiada por Exacorp One, sociedad vinculada al hotel Thompson Madrid, ubicado en la misma plaza.
Una obra que permanecerá durante al menos 15 años
La llegada de El rumor de la discordia a Madrid se produce mediante una cesión gratuita al Ayuntamiento, que permitirá mantener la escultura en el espacio público durante un periodo mínimo de 15 años.
Durante este tiempo, la pieza formará parte del paisaje cotidiano de una de las zonas más céntricas de la capital, donde ya ha comenzado a despertar la curiosidad de vecinos, turistas y viandantes.
Arte contemporáneo que no deja indiferente
Como ocurre con muchas intervenciones artísticas en espacios públicos, la escultura ha generado opiniones muy diferentes. Su tamaño, su ubicación y, especialmente, la sensación de que el caballo está suspendido en el aire han convertido la obra en uno de los nuevos puntos de conversación de la zona.
Para algunos, su carácter inesperado aporta una nueva dimensión a la plaza y acerca el arte contemporáneo a quienes recorren el centro de Madrid. Para otros, su presencia rompe con la estética que tradicionalmente había caracterizado este espacio.
Más allá de las opiniones, la obra consigue uno de sus principales objetivos: hacer que quienes pasan por la Plaza del Carmen se detengan, miren hacia arriba y se pregunten cómo es posible que un caballo de bronce parezca estar flotando sobre Madrid.
Con El rumor de la discordia, la capital incorpora así una nueva pieza a su creciente colección de arte urbano y contemporáneo, convirtiendo la Plaza del Carmen en un escenario donde arquitectura, ciudad y creación artística vuelven a encontrarse.
