En un espacio acogedor, pero con un innegable aire de lujo, se encuentra Lina, un restaurante donde la fusión gastronómica cobra sentido desde el primer momento. Con raíces argentinas, esencia mediterránea y espíritu caribeño, la experiencia comienza incluso antes de sentarse a la mesa: la atención es cercana, cuidada y auténtica, de esas que te hacen sentir como en casa desde el primer saludo.
La velada arranca con una delicada crema de calabaza, acompañada de pan caliente con mantequilla, un inicio sencillo pero reconfortante que prepara el paladar para lo que está por venir.
Dentro de los entrantes, agrupados bajo el nombre de Raíces, destaca el tupinambo en tres texturas con calamar de potera, con un sutil toque de brasa, guisantes repelados y notas cítricas que aportan frescura y equilibrio. Mención especial merece el tartar de pez limón, servido sobre crema de anacardo tostado, yema de corral untuosa, caviar cítrico y granos inflados. Un plato que se prepara en mesa y que viene acompañado de una historia que merece ser escuchada, elevando la experiencia más allá del sabor.

En los principales, bajo la categoría Esencia, la propuesta mantiene el listón alto. La costilla de Angus cocinada durante 16 horas, acompañada de cremoso de dedos, zanahoria ahumada y encurtida, demi-glace de ternera y tamarindo, resulta una auténtica delicia, con un punto dulce perfectamente integrado. Por su parte, la molleja de ternera a la brasa, con maíz en tres formas, chimichurri cítrico y jugo de carne al Jerez, ofrece una carne jugosa y llena de carácter, donde cada acompañamiento suma y potencia el conjunto.

Para cerrar, los postres no se quedan atrás. La sopa fría de chocolate blanco, con mango, maracuyá y plátano con dulce de leche, sorprende por su originalidad y por un equilibrio perfecto de dulzor, permitiendo disfrutarla hasta la última cucharada. Un final redondo que confirma que todo ha sido un acierto.
Además, Lina cuenta con una coctelería que merece una visita propia, ideal para completar la experiencia o alargar la sobremesa, como las que nunca terminan.
Detrás de Lina hay una historia familiar que se siente en cada detalle. Inspirado en la figura de la abuela Lina, símbolo de unión, hospitalidad y amor por la mesa compartida, el restaurante refleja ese espíritu de buen anfitrión que convierte cada comida en un momento especial. La cocina del chef Patricio Massimino es el resultado de años de experiencia entre Europa y el Caribe, dando forma a un mestizaje de sabores honesto, elegante y con identidad propia.

Ubicado en el corazón de Almagro, Lina ofrece un ambiente cálido y sofisticado, ideal tanto para celebraciones especiales como para encuentros que buscan algo más que una simple comida: una experiencia que se recuerda.
Detalles:
📍Dirección: C. de Fernando el Santo, 25
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