En un entorno urbano y moderno, con una cuidada selección musical que envuelve la experiencia, MUERDO se posiciona como un templo de la hamburguesa auténtica, esa que evoca los sabores de los ochenta y noventa pero tratada como una verdadera joya gastronómica.
Detrás de MUERDO hay una historia de 37 años de tradición familiar trabajando el producto cárnico. Sus raíces rurales les permiten conocer y mimar cada ingrediente a la perfección, algo que se percibe en cada propuesta de su carta. No es una hamburguesa más de moda; es dedicación convertida en experiencia culinaria.
Nuestra visita arrancó con su propuesta de tapeo, donde destaca el SAAM de panceta: un bocado ingenioso de lechuga con panceta confitada, cebolla encurtida, jus de la panceta y salsa miel mostaza. Un entrante que anticipa la filosofía del local: originalidad sin renunciar a la esencia del producto.
En MUERDO no hacen hamburguesas genéricas. Cada una tiene identidad, nombre y carácter. Probamos dos de sus creaciones:
LUNA: Brioche artesanal, doble carne de vaca (160g), cheddar madurado, cebolla, panceta con aceite de trufa y mayonesa trufada. El toque crujiente de la panceta combinado con los matices trufados crea una experiencia redonda y sofisticada.

FABERGÉ: Brioche, doble carne de vaca (160g), cheddar madurado, picadillo de chorizo de su pueblo y huevo frito. Una propuesta única y brutal donde el sabor intenso del chorizo casero y la cremosidad del huevo frito logran una combinación sorprendente y memorable.

Hacen smash no por seguir tendencias, sino porque es la técnica que Esti siempre vio hacer a su padre, aunque él no supiera que eso se llamaba así. Lo que realmente destaca es la personalidad del producto.
El postre también rompe esquemas. Su tarta de queso con chocolate blanco y filipinos blancos reinventa el clásico con un punto de dulzor perfectamente calibrado que permite disfrutarla completa sin empalagar.

MUERDO es tradición, producto casero, autenticidad y diversión en un ambiente elegante pero desenfadado. Un concepto gamberro en el mejor sentido: sin pretensiones de ser otra cosa más que una buenísima hamburguesa que sabe a hamburguesa.
Una visita obligada para quienes buscan calidad, originalidad y experiencias gastronómicas que respetan el producto y la tradición familiar.
Detalles:
📍Dirección: C. de Blasco de Garay, 96
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