En el corazón de la Gran Vía madrileña, uno de los bulevares más icónicos y transitados de la capital, ha irrumpido con fuerza una propuesta gastronómica que logra lo que pocas consiguen: aunar la riqueza y la complejidad de la cocina asiática con el lujo y la elegancia que exige un enclave tan privilegiado. Gran Café Shanghai no es un restaurante más; es una experiencia completa que seduce desde el primer instante.
Cruzar el umbral de Gran Café Shanghai supone una inmersión instantánea en un mundo diferente. La decoración impacta con determinación: tonos rosas que evocan los interiores más cool de Shanghái y París, combinados con detalles de acabado lujoso que elevan el espacio muy por encima del concepto de restaurante convencional.
La experiencia comienza con el dim sum variado, una bandeja de cuatro piezas que funciona como declaración de intenciones. La masa, fina y perfectamente cocida al vapor, envuelve rellenos generosos y sabrosos que anticipan el nivel del resto del menú.

Si hay un plato que resume la filosofía del Gran Café Shanghai fusión con elegancia, sabor sin estridencias ese es el arroz frito de ternera y setas con salsa trufada. El grano, suelto y perfumado, absorbe la profundidad umami de las setas y la nobleza de la trufa, mientras la ternera aporta cuerpo y textura a una composición reconfortante y sofisticada a partes iguales.

El momento cumbre de la velada llega con la costilla de vaca laqueada a baja temperatura. Cocinada durante horas hasta lograr una textura que se deshace en la boca, llega acompañada de un pan bao esponjoso y una salsa que equilibra notas dulces, ahumadas y especiadas en perfecta armonía. El punto final lo pone el camarero, que flamea el plato ante el comensal en un espectáculo visual que eleva la experiencia a otra dimensión. Este plato es, sencillamente, imprescindible.
La carta de cócteles es tan ambiciosa como la culinaria. El mojito de maracuyá llega en un vaso con forma de oso panda y ofrece una combinación tropical y refrescante que resulta adictiva. Para quienes prefieren la seguridad de lo conocido, la carta también incluye clásicos de referencia como el Moscow Mule y el Aperol Spritz. Un equilibrio perfecto entre innovación y tradición.

La tarta de manzana acompañada de helado cierra la experiencia con inteligencia: lejos del empalago que arruina muchas sobremesas, esta versión encuentra el punto medio perfecto. Dulce sin excesos, frutal y fresco, con el helado cumpliendo una función tanto de contraste de temperatura como de equilibrio gustativo.

Gran Café Shanghai es, en definitiva, una cita ineludible para quienes buscan algo más que comer. La combinación de una decoración que deslumbra, una cocina que cumple y supera expectativas, y una coctelería ingeniosa hacen de este espacio uno de los descubrimientos más gratificantes de la temporada en Madrid.

