El icónico Teleférico, uno de los planes más singulares de la ciudad desde 1969, volverá a abrir sus puertas a finales de 2026, según ha confirmado el alcalde José Luis Martínez-Almeida. Después de su cierre en 2022 por motivos de seguridad, los madrileños podrán de nuevo disfrutar de un paseo único entre cielo y tierra, contemplando la capital desde 40 metros de altura.
La renovación del Teleférico no ha sido un proyecto sencillo. Desde la Empresa Municipal de Transportes (EMT Madrid) se lanzó en abril la licitación para una renovación total, con un presupuesto base de 36,8 millones de euros. La obra se desarrollará en dos fases: primero la redacción del proyecto, con un presupuesto de 690.703 euros, y después la ejecución completa de la obra, estimada en 29,7 millones, de los cuales casi la mitad se destinarán a la instalación electromecánica, clave para garantizar seguridad y modernidad.
Las estaciones serán completamente remodeladas, todas las cabinas serán sustituidas y se incorporará un sistema tecnológico de última generación que permitirá un funcionamiento completamente automático. Además, el Teleférico contará con accesibilidad universal y se apoyará en energía limpia, reduciendo el ruido y convirtiéndose en un referente de transporte sostenible en la ciudad.
El Teleférico no es solo un medio de transporte: es un icono histórico de Madrid. Fue inaugurado en junio de 1969 por el entonces alcalde Carlos Arias Navarro, con dirección técnica de la empresa suiza Von Roll y supervisión del Ministerio de Obras Públicas. Su recorrido de 2.500 metros une el paseo del Pintor Rosales con el Cerro Garabitas, en la Casa de Campo, ofreciendo vistas panorámicas únicas que han emocionado a generaciones de madrileños y visitantes.
Ahora, tras más de cinco décadas, este clásico urbano se prepara para renovarse y convertirse en un plan turístico y de ocio imprescindible. Ya sea para pasear, fotografiarse o simplemente disfrutar de un momento diferente sobre la ciudad, el Teleférico promete volver a ser ese pequeño viaje que permite ver Madrid desde otra perspectiva y sentir que, aunque estemos en tierra firme, podemos tocar el cielo.
