Hay sitios a los que se va, y sitios a los que se vuelve. Bareto es, sin duda, de los segundos. Con una ambientación clásica, sala repleta de cuadros y ese aire de cervecería de toda la vida que tan difícil resulta falsificar, este espacio nació en diciembre de 2021 con una misión tan sencilla como ambiciosa: recuperar el bar de verdad. Y lo consigue.
La atención marca el tono desde el primer momento. El personal está pendiente de cada detalle, corre de un lado a otro, canta las comandas a voz en grito y hace que el comensal se sienta como en casa desde el aperitivo de la casa con el que arranca la experiencia.

La cocina de Bareto no busca sorprender: busca satisfacer, y en eso es imbatible. Abrimos con unos torreznos de Soria con patatas revolconas que ya de entrada dejan claro el nivel. El torrezno llega en su punto perfecto de crujiente, y la combinación con las patatas es exactamente la que tiene que ser: rotunda, generosa, sin artificios. Uno de esos platos que reconcilian con la cocina de siempre.

Le siguen los flamenquines con cecina y queso, uno de los más pedidos de la carta y por algo será. La cecina aporta profundidad, el queso une, y una salsa que los acompaña potencia cada bocado hasta convertir lo que podría ser un plato sencillo en uno verdaderamente memorable.
El pincho moruno con patatas fritas llega anunciándose solo: el olor lo adelanta todo antes de que toque la mesa. Bien sazonado, jugoso, con ese punto de especias que lo hacen inconfundible. Un clásico ejecutado con honestidad y criterio.
Para los amantes del cerdo, el solomillo con salsa al ajillo es la elección inevitable. Tierno, con una salsa que envuelve sin eclipsar, acompañado de patatas fritas. De esos platos que se terminan sin darse cuenta y que invitan a pedir otro.

La tarta árabe pone el punto final con elegancia: frutos secos, textura crujiente y una combinación de sabores que convierte el postre en el mejor recuerdo de la mesa. Nada recargado, todo en su lugar.
Y a todo esto hay que sumarle la jarra de sangría de vino tinto: generosa en cantidad, elaborada con fruta, bien equilibrada. Una recomendación que no falla y que acompaña a la perfección cada uno de los platos.
Bareto no ha inventado nada, y esa es precisamente su mayor virtud. Ha recuperado lo que ya existía, lo que funcionaba, lo que echábamos de menos. Una dirección imprescindible para quienes saben que los mejores bares no necesitan explicación: solo una barra, buen producto y ganas de quedarse.
Detalles:
📍Direcciones: Alcalá 55 · Atocha 120 · Plaza de Olavide · Castellana 259E · Av. de Filipinas 1
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